El motivo

Siempre me he considerado un inconstante. Y como persona consciente de algo que le genera descontento, he tratado de encontrar la cura. Entre los cientos de experimentos en los que me he embarcado con el único fin de vencer esta condición, he hallado un puñado de intentos de los que me siento orgulloso. Todos ellos se caracterizan por tres elementos, ya sea por separado o bien en conjunción, que se han transformado en mi fórmula para vencer la inconstancia. Y como toda buena fórmula que se respete, no la patentaré, sino que pasaré a regalarla:

1. Si realmente te apasiona, no lo abandonas. Piensa en el libro que acabaste de un tirón, en la serie que compraste completa y por la que te encerraste todo un fin de semana con tal de conocer el final de la temporada, piensa en la minuciosidad con la que armaste el rompecabezas de las 1,000 piezas. La pasión es lo que nos mueve.

2. Si hay alguien que te apasiona esperándolo, no lo abandonas. Piensa ahora en esa tarjeta que hiciste con tus propias manos (pero no la que se hace por cumplir, sino la que perfeccionaste hasta segundos antes de entregarla), piensa en el álbum de fotos que armaste con calma infinita antes de regalarlo, piensa en las pistas que elaboraste para construir la gran sorpresa que deslumbraría a ese alguien especial. A veces es el otro, y no uno, quien nos obliga sutilmente a seguir.

3. Si alguien se apasiona con tu pasión, no lo abandonas. Ahora piensa en aquella vez en que te aplaudieron sin parar, en que se interesaron más que tú mismo por lo que hacías, y en la primera vez que alguien te dijo que le gustaría poder hacer las cosas como las hacías tú. Esa cosquilla en el ego (que no deberá pasar de eso) hace que los ojos se mantengan abiertos. Muy abiertos.

Pasan las 2.00 a.m., y sigo escribiendo como si nada. Escribir siempre ha sido mi pasión. Pero antes que eso, lo fue el contar historias. Y luego supe que participar en el proceso de desarrollo de otros, también lo era.

Si estás leyendo esto, y decides continuar, es porque realmente lo esperas. Y si, luego de leerlo, vuelves, podría pensar que la recurrencia – con algo más de esfuerzo – podría llegar a volverse pasión. Como tal, gracias por ayudarme a mantenerme despierto.

Espero que lo que encuentres en este territorio te sea de utilidad, y te permita alimentar lo que te apasiona.

Gracias.

Lima, inicios del otoño postergado, mayo de 2009.